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miércoles, 14 de diciembre de 2011

ENSEÑANZA DE LOS ÁRBOLES



"Existe una sabiduría inherente en el árbol que enseña a vivir, a abrir la percepción hacia lo otro y hacia uno mismo. Nietzsche decía: "El hombre que no se asombra cuando ve un árbol está muerto".

" Vamos muchas veces ciegos por la vida, tanto para ver la belleza que nos rodea como para ver y reconocer nuestro propio ser. Observé que cuanto más profunda era la vida espiritual de una persona, más felicidad y libertad transmitía".
Nietzsche

" El árbol es un símbolo que acompañó al hombre desde su origen, aparece en las pinturas rupestres y está presente en las religiones del mundo: el Buda se ilumina debajo de un árbol Bodhi; la historia de la cristiandad está ligada al árbol del conocimiento del bien y del mal; la escuela iniciática de los sufíes porta el nombre tarika ( palmera ), y la menora, el candelabro de siete brazos de la religión judía, no es otra cosa que un árbol estilizado.

Cada especie de árbol refleja de nosotros tal o cual virtud o debilidad. Algunas especies son realmente una enseñanza en si mismos.

Acariciar las cortezas de los árboles puede revelar aspectos inesperados: hay unas lisas y luminosas, como la del eucalipto, y otras que parecen un finísimo terciopelo canela, como la del arrayán.

Es útil reconocer la forma total del árbol: si su copa es globosa será un árbol más yin, nutritivo, femenino, como el roble; si sus ramas son ascendentes tendrá más características yang, del espíritu, como la tuya o el tejo...

Cada arbol, como cada persona son únicos en si mismos, algunos resuenan con mayor fuerza que otros. Sus propiedades curativas son bien conocidas para los chamanes y sanadores de distintas culturas.

Si observamos bien y nos detenemos a valorar a los árboles como se merecen, podemos encontrar en ellos importantes enseñanzas.

Sabiduría de la lentitud. "Entre las cualidades que nos regalan los árboles longevos está el sosiego, el volvernos más lentos, restablecer el equilibrio y a percibir la calma regeneradora. Nos enseñan que la quietud y el silencio son el mejor abono para un desarrollo pleno.

También nos recuerdan que se crece desde el propio centro, lo que implica vivir atentos a nuestros pensamientos, nuestras acciones, y verificar que sean congruentes con nuestro ser más íntimo." El árbol es un arquetipo de generosidad, explica; da frutos, flores, sombra, leña... Vale decir que nutre, abriga y sana. No se jacta de su capacidad de dar ni se queja, da de un modo natural.

Pies en la tierra. "Un árbol nos recuerda que para crecer hacia lo alto, hacia lo espiritual, lo abstracto, es necesario estar bien arraigado en la tierra, en lo concreto, en la materia. Es, al igual que el ser humano, un ser que une cielo y tierra.

Es el portador del fruto acabado, y al mismo tiempo esta en pleno proceso de desarrollo. Nosotros, como seres humanos, somos la máxima expresión de la creación y al mismo tiempo estamos aún en proceso de crecimiento."

Por otra parte, el árbol es un gran ejemplo del paso del tiempo y del sentido cíclico de la existencia: hay etapas en que brotan fuerzas nuevas; otras en que se expanden y manifiestan, luego dan su fruto, para finalmente soltar todo lo que ya no se necesita y disponerse desnudo a comenzar de nuevo.

Nacer, crecer. "También aprendemos que cualquier espacio es habitable, que naturalmente, aunque uno no sea consciente, se crece hacia la luz, que toda existencia siempre da algún fruto.

La sabiduría de los árboles es el producto de esta larga búsqueda y el intento de acercar una herramienta de autoconocimiento simple y clara, mediante un símbolo universal accesible, el árbol.

La propia existencia humana se refleja en este símbolo: nacer, crecer, dar frutos, atravesar las distintas estaciones, brindar belleza, verdad e iluminación",

Adaptación de una entrevista a Katja Löhner.-Buena Siembra