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domingo, 11 de marzo de 2012

HACIA LA ETERNA JUVENTUD!!!!!!???


Estamos genéticamente programados para vivir un
máximo
de 120 años. Pero el biogerontólogo Aubrey de Grey
desafía
el límite: según él, podríamos cumplir 500
con salud.
Para demostrarlo, necesita una inversión
económica
millonaria

El científico británico Aubrey de Grey tiene una propuesta para la sociedad del siglo XXI: invertir mil millones de dólares en tecnología e investigación genética, y vivir siglos gozando de una excelente salud física y mental. Según este controvertido estudioso del envejecimiento de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), con un mantenimiento adecuado no
hay razón por la que el cuerpo
humano no pueda durar muchos
años. Digamos 500 o incluso
un millar.

A sus 44 años, De Grey, que

además de biogerontólogo

es genetista autodidacta

con formación en computación,

afirma que envejecer no es una

consecuencia inevitable de la condición humana.

Según él, el envejecimiento es el resultado

de daños acumulados a nivel celular o molecular,

que los avances médicos podrían prevenir e incluso

revertir. De ser así, la ciencia podría ofrecer a la gente

una longevidad que se codease con la inmortalidad.

“Estamos hablando de extender la vida sana,

no de prolongar la fragilidad de la vejez”, aclara.

Nuestra máquina necesita

un mantenimiento especial

Obviamente, moriremos si nos cae encima una caja de

acero, nos despedaza un león o nos pegan un tiro.

Pero, según este barbudo profeta de la ciencia con

apariencia de hippie de los sesenta, la muerte asociada

a la senescencia desaparecerá. “Mi idea es tratar al

organismo como un coche antiguo, pero con una

maquinaria más compleja. Algunos están tan bien

mantenidos que han llegado a durar cien años.

El único problema es que nosotros no fuimos los

diseñadores del cuerpo humano, y tenemos que

descubrir cómo funciona para hacerlo trabajar

mejor y por más tiempo”.

El ambicioso plan para que un cuarentón de hoy

celebre su milésimo cumpleaños depende de un enfoque

llamado Strategies for Engineered Negligible

Sensescence, SENS, –estrategias para la ingeniería de

una vejez inapreciable–, que se apoya en sólidos estudios

avalados por las ramas más vanguardistas de la

biomedicina. Pero De Grey también busca estimular

investigaciones específicas en técnicas que extiendan

la vida. Por esto fundó en 2003 el Premio del Ratón

Matusalén –Methuselah Mouse Prize–, dotado con tres

millones de dólares para el científico que demuestre la

viabilidad de alguna terapia regenerativa en ratones.

Su razonamiento es que, una vez el objetivo se logre en

roedores, se abrirán las arcas públicas y privadas para

financiar estas investigaciones. Esto acelerará

exponencialmente la consecución de resultados.

Por culpa de la edad nos pueden

dar los siete males

Hacia la eterna juventudDe Grey está convencido de

que existen siete retos científicos para alcanzar la vida

cuasieterna. Siete tecnologías y terapias médicas aún

por desarrollarse, incluyendo la cura contra el cáncer

y la manipulación de las células a nivel molecular y

genético que, de recibir ahora la financiación inicial,

se podrían comenzar a prescribir dentro de tan sólo

tres décadas. Los tratamientos no estarán dirigidos contra

los sistemas orgánicos que se descomponen al final de la

vida con las enfermedades degenerativas y la pérdida de

facultades motrices, sino hacia sus precursores. Nos

referimos a las sustancias indeseables que se van

acumulando por efecto del metabolismo y que al alcanzar

un nivel crítico interfieren con el funcionamiento del cuerpo.

“Sólo existen siete categorías de daños en el organismo

relacionados con la edad: una es la pérdida de células que

no se reemplazan. Otra es lo opuesto: la acumulación de

células no deseadas. Después hay cosas que andan mal

dentro de ellas, y así en el tercer puesto están las mutaciones

en los cromosomas, en el cuarto, las mutaciones en el ADN de

las mitocondrias –centrales energéticas celulares–, y en

el quinto, la acumulación de moléculas no digeribles en

los lisosomas –vesículas intracelulares para digerir los

desechos–. Los problemas sexto y séptimo se dan en los

espacios entre las células: los depósitos de moléculas

indigeribles que bloquean el paso, y la proliferación de

enlaces entre proteínas que endurecen los tejidos elásticos

de las arterias. El objetivo de SENS es remediar todos

estos desperfectos”.

Sobre la viabilidad de intervenir en estos desaguisados,

De Grey contesta que tres de las soluciones ya están en

fase de ensayos clínicos. Una es el trasplante de células

madre –o stem cells– en zonas cerebrales que necesitan

que se produzca la mermada dopamina, para combatir los

síntomas del Parkinson. También se inyectan ya células

madre con el fin de regenerar el músculo cardíaco.

Y contra el endurecimiento de las arterias, es posible

“diseñar medicinas que rompan esos enlaces químicos

sin efectos secundarios”.

Los problemas tumorales son los

más difícil de atajar

De todos los problemas, el más complicado de resolver

atañe a las mutaciones en los cromosomas, las estructuras

con forma de lazo en que se organiza el ADN. Dicho de

otro modo, la curación del cáncer. “La evolución ha tenido

un problema con el mantenimiento del ADN especialmente

difícil de atajar. Me refiero a que los organismos mueran

debido a procesos tumorales”, dice el biogerontólogo.

“El cáncer –añade– puede matarnos si una célula sufre

las mutaciones equivocadas. La técnica que estamos

desarrollando en SENS para combatirlo se

llama Whole-body Interdiction of Lengthening of

Telomeres (WILT) –impedir el alargamiento de los

telómeros–. La idea central de nuestra estrategia

parte de que las células cancerosas poseen el don de

la inmortalidad. Si pudiéramos arrebatárselo,

sin importarnos las mutaciones que les confiere

tal virtud, no moriríamos de cáncer. Y la forma de

lograrlo es evitar que amplíen los telómeros”.

¿Pero qué son los telómeros? ¿Por qué son tan

importantes para conservar la juventud? De Grey

se enfrenta a un doble reto. Por un lado, debe evitar

que las células malignas conserven intactos sus telómeros,

y por el otro, ha de estimular su reparación en las células

sanas de órganos y tejidos, como la sangre, la piel y el

estómago. Estos y otros lugares albergan stem cells que

proliferan para reponer las bajas que ocurren.

El quid de la cuestión está en la

punta del cromosoma

Hacia la eterna juventudLos telómeros consisten en

repeticiones en tándem de pequeñas secuencias de

letras genéticas implicadas en numerosas funciones.

Recordemos que el abecedario de nuestro ADN se

compone de cuatro letras: A, T, C y G. Se sabe que

participan en la división de las células y en la estabilidad

cromosómica, y que fijan el tiempo de vida de las estirpes

celulares. Descubiertos por Hermann Joseph Muller en

los años 30, los telómeros se pueden comparar con los

protectores de plástico que tienen los cordones de zapatos

en sus extremos, para evitar que los cromosomas –

nosotros tenemos 23 pares en cada célula– se

deshilachen y se peguen entre sí.

El problema de estos guardianes cromosómicos es que

en cada división celular sufren un desgaste que se traduce

en un ligero acortamiento. Y con el paso del tiempo,

el recorte telomérico puede comprometer el funcionamiento

de los genes. Cuando alcanza un recorte crítico, la célula

entra en un proceso de senescencia que acaba con su

muerte. Por ejemplo, los telómeros de las células

sanguíneas de un recién nacido miden 8.000 pares

de letras genéticas y se reducen a 1.500 pares en

un anciano. Cada vez que una de estas células se divide,

sus telómeros pierden de 30 a 200 letras, un peaje que

a la larga se paga con la vida.

Lo más deseable sería que nuestras células contaran con

telómeros kilométricos, que nos alargarían la vida y

alejarían el fantasma de los achaques seniles, incluyendo los

problemas cardiovasculares. Con esto quedaría resuelta

una parte de la ecuación. Pero queda la otra: acortar los

telómeros de las células cancerosas para que mueran antes

de que constituyan un tumor. En el centro de este laberinto

está la telomerasa, la enzima responsable de añadir letras

a los telómeros erosionados.

Cortar las alas al cáncer sin

perjudicar al resto

Curiosamente, cuando una célula comienza a convertirse

en maligna y ve que sus extremos cromosómicos menguan

peligrosamente, activa la telomerasa, los reparan y sigue

dividiéndose a sus anchas. Dicho de otro modo, la célula

consigue mantenerse siempre joven y lozana. Si los

científicos lograran bloquear la telomerasa sin causar

daños colaterales, conseguirían que las células cancerosas

envejecieran y murieran. En este sentido, hay especialistas

trabajando en cómo reducir la síntesis de telomerasa co

n fármacos, pero De Grey propone una solución más radical:

la eliminación total de los genes que rigen su síntesis.

Con ello, le negaríamos al cáncer la oportunidad de mutar

para resistir el tratamiento oncológico. La cuestión es

complicada, porque no sólo habría que tener puntería

para borrar la telomerasa de los genes adecuados en

tejidos que no dependen de las stem cells, sino que también

habría que reponer las células madre regularmente, para

garantizar la división de todas aquellas células que sí

necesitan replicarse para mantener los órganos y tejidos.

Un buen chute de células madre cada

cierto tiempo

Hacia la eterna juventud“Hace 5 años me di cuenta de

que podía resolver el problema con células troncales

manipuladas en el laboratorio. Cada decenio podríamos

inyectárnoslas sin los genes de la telomerasa, para así

impedir su conversión a malignas. Al mismo tiempo, las

equiparíamos con unos largos telómeros diseñados de

antemano”. Ahora bien, la comunidad científica no pone

la mano en el fuego de que esto vaya a funcionar, aunque

algunos investigadores han usado la telomerasa para

hacer que células humanas se dividan in vitro mucho

más allá de sus posibilidades –normalmente, llegan

a hacerlo entre 50 y 70 veces. En las pruebas, estas

supercélulas no se tornan cancerosas.

Por su parte, María Blasco, del Centro Nacional de

Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid, diseñó

una técnica para medir la longitud de los telómeros de

forma automatizada y simultánea en casi cien muestras

biológicas en menos de dos horas. Según Blasco, aparte

de rápido, su procedimiento es mucho menos costoso.

“La falta de técnicas para medir la longitud de los

telómeros de forma automatizada ha sido en parte

responsable de que las empresas farmacéuticas no

hayan sido más activas en la búsqueda de fármacos

antitumorales dirigidos contra los telómeros'.

Los franceses y las mujeres los

tienen más largos

Existe una relación muy clara entre la edad y la longitud

de los extremos cromosómicos. “Hemos analizado los

telómeros de cientos de individuos de entre 60 y 100

años de edad en distintos países europeos”, dice Elsa Vera,

del CNIO. “La longitud de los telómeros decae de manera

muy significativa en intervalos de 10 años, tanto en hombres

como en mujeres, aunque las mujeres los tienen más largos

en todos los grupos de edad”. El estudio también demostró

que los franceses tienen estas puntas de los cromosomas

más largas que los demás europeos, apoyando la idea de

que hay una relación entre genética, factores ambientales

y la longitud de los telómeros. “Los cortos se han asociado

con mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular”

, dice Blasco, “lo cual podría explicar la ‘paradoja francesa’,

según la cual los franceses consumen más alcohol pero

tienen un bajo riesgo cardiovascular en relación con

otros europeos”.

Le pregunto a De Grey si entonces, dentro de dos siglos,

cuando los cuarentones de hoy hayan extendido su vida

de los 80 a los 200 años, las terapias consistirán en sesiones

periódicas para el tratamiento con stem cells.... ¿y de vez

en cuando una cita para alargar telómeros? “Podría ser

algo así. No me sorprendería que dentro de 200 años

lleguemos incluso más allá, que todas las terapias genéticas

y de células madre se apliquen con una simple inyección, y

que sea posible marcar los genes de la telomerasa para

distinguirlos y extraerlos fácilmente”.

Hacia la eterna juventud¿Entonces, el envejecimiento es

una enfermedad? ¿Una mala pasada de la evolución?

“No es una mala pasada. Es que la evolución no le ha

prestado atención al envejecimiento. En el mundo salvaje,

sin la intromisión de la civilización, casi todos los organismos

mueren sin tener la oportunidad de envejecer. Mueren

de hambre, o se los come alguien, o lo que sea. Por eso

no existen genes para hacer algo respecto a la vejez”.

De Grey es una de esas personas que despiertan una reacción

apasionada, tanto de sus críticos como de sus simpatizantes.

Es engreído y habla como si fuera un profeta, pero también

posee una mente brillante, le gusta encrespar las plumas y

no teme el ridículo. Como es de esperar, existen toda clase

de objeciones a la idea de prolongar la vida por un siglo, y

De Grey tiene una respuesta para todas. La crítica más

común es que nos embarcaríamos en un programa de

exceso de población sin precedentes. “Bueno –responde

este científico–, ¿qué habría sucedido si el primer ministro

de Francia le hubiese prohibido a Pasteur organizar

campañas educativas sobre la higiene por el mismo motivo?”

Además, dice, “considerarnos tan incapaces de encarar

problemas futuros como para condenar a millones de personas

a tener las cortas vidas de sus abuelos es una broma de

mal gusto. En el pasado hemos resuelto problemas similares.

Por ejemplo, ¿quién imaginaba en 1850 que los hombres

tendrían que someterse a la indignidad de ponerse un caucho

cada vez que practicaran el sexo para frenar la explosión de

población que siguió a la eliminación de la mortalidad infantil?”

Duros oponentes a la eterna juventud

Uno de sus oponentes más furibundos es Sherwin Nuland,

de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, y

autor del libro How we Die. “De Grey no es malo, ni

está loco”, escribió en un artículo de la revista

Technology Review, que edita el Massachussets

Institute of Technology (MIT); “pero su plan no va a

tener éxito e incluso, si lo tuviera, nos destruiría en el

intento por preservarnos, porque vivir tales períodos

de tiempo socavaría el significado de ser humano”.

No hay predicciones no cofras,

sólo hipótesis

La ausencia de datos y números es otra crítica frecuente

a De Grey, a la que él responde desde su página de Internet,

“como si los hermanos Wright hubiesen tenido números

y datos en 1900”, refiriéndose a que el vuelo motorizado

se desarrollaría pocos años después. Desde luego que sí

tenían información, en el sentido de que cualquier

ingeniero basa sus diseños en conocimientos existentes

sobre el sistema que quiere manipular. “Yo también la tengo,

como se darán cuenta quienes se tomen el trabajo de leer

mi portal y mis publicaciones”. Pero el envejecimiento no

es una enfermedad, por lo que, obviamente, no se puede

curar, dicen algunos detractores. “Llámelo como quiera.

El envejecimiento es un fenómeno biológico que causa el

debilitamiento y la muerte. Lo que yo quiero decir con la

palabra “curar” es tener control sobre una condición, como

el que podemos tener con la tuberculosis, por ejemplo.

La podemos sobrellevar sin que mate a la gente. Pero yo

no aspiro simplemente a detener el progreso de la vejez,

sino a revertirlo; llevar a alguna persona de un estado de

sufrimiento avanzado a un estado donde ya no padezca.

Para esto, el tratamiento deberá ser periódico, durante

el resto de la vida”.

Un alud de seguidores ávidos

de inmortalidad

Quizás porque todos esperamos vivir un poco más con

buena salud, las teorías de De Grey tienen también sus

admiradores. Cuando el editor del Technology Review,

Jason Pontin, escribió un editorial crítico sobre De Grey,

se sorprendió con el torrente de correos electrónicos de

lectores airados acusando a Pontin de “privarlos de su

inmortalidad”. De hecho, el artículo de Nuland, Do you

Want to Live Forever? –¿Quiere vivir para siempre?–

ha sido hasta ahora “el más leído en la historia de la revista”

, y con más reacciones negativas de los lectores, dice Pontin.

La consecuencia de todo esto es que Pontin ofreció 10.000

dólares a cualquier gerontólogo capaz de aportar una

revisión independiente demostrando que las ideas de

De Grey no tienen mérito. Hasta el momento, nadie se

ha acercado a reclamarlos. Hacia la eterna juventud

A favor de la muerte

Sherwin Nuland es uno de los detractores de la

prolongación de la vida. Este profesor de Medicina de

la Universidad de Yale cree que De Grey jamás conseguirá

sus planes y que, además, se oponen a la naturaleza

humana.

De sus simpatizantes, el más notable es el millonario

Peter Thiel, uno de los fundadores del sistema de pagos

por internet Pay- Pal, quien donó tres millones de

dólares a SENS. “Peter se interesó, se fue enamorando

de la idea y finalmente decidió darle una oportunidad.

Naturalmente, no sabe si mi enfoque va a funcionar o si

está perdiendo su dinero, pero piensa que el riesgo vale

la pena. Los mil millones de dólares a los que hago alusión

se distribuirían entre las siete cosas que deben solucionarse.

El campos de la terapia de células madre ya está bien

financiado a nivel global, pero las otras seis áreas,

definitivamente, necesitan más dinero. Para estimar

el presupuesto hay que hacer los cálculos de las horas

de trabajo que requiere cada cosa, multiplicadas por el

coste de los biólogos a tiempo completo, y además contar

con el dinero para los equipos de investigación y las

oficinas del SENS. La idea es que los diversos componentes

se desarrollen en universidades y laboratorios de varias

partes del mundo, pero necesitamos unirlos a todos, y es

allí donde entra el Instituto SENS, un edificio lleno

de matemáticos y oficinas”.

Aparte de Thiel, De Grey tiene el apoyo de algunos científicos.

“La mayoría de ellos no son gerontólogos, lo cual no me

sorprende porque trabajan en campos que pretenden

curar enfermedades, y no en los problemas del

envejecimiento. Algunos gerontólogos apoyan lo que

yo hago y otros están en total desacuerdo y se sienten

amenazados porque estoy desafiando su forma

de trabajar. Esto es algo normal en la ciencia”.

¿Pero merecería la pena llegar a milenario?

Y añade que “en general, es una combinación de política,

ignorancia y dinero. La gerontología tiene la dificultad

adicional de que los científicos serios deben distanciarse

de la terrible industria de la guerra a la vejez: las cremas

antiarrugas, las pociones y las pastillas que no sirven para

nada. Así que, cuando escuchan que alguien propone

la posibilidad de vivir mil años, su reacción inmediata

es tratar el tema con pinzas”.

Aunque se demostrase que las ideas y enfoques de

De Grey son verdad, no sabemos si el mundo lo tomará

en serio en los próximos diez años, el momento crítico

para echar a andar o frenar su iniciativa. Tendríamos

que plantearnos qué precio estamos dispuestos a pagar

por la eterna juventud.

Por Ángela Posada-Swafford | Fuente: www.muyinteresante.es

PARA SABER MÁS

En Internet

- Fundación Matusalén para la prolongación de la vida.
www.methuselahfoundation.org

- Página web del proyecto Strategies for Engineered

Negligible Sensescence.
www.sens.org


Publicado:María A. Sassone