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lunes, 6 de febrero de 2012

RECUPERACIÓN DE LA FUERZA VITAL EN LOS ALIMENTOS

A causa de vivir en un mundo en el que los alimentos se llenan de aditivos químicos, se fumigan con pesticidas, sufren alteración de color, blanqueado, desestructuración mediante microondas y mutación en general, resulta difícil ingerir alimentos completos, orgánicos y no adultera­dos.

Incluso en este caso la fuerza vital del alimento dismi­nuirá enormemente durante el tiempo que transcurre entre su cosecha, transporte y cocinado. El problema es menos grave si has crecido comiendo de un modo sano desde que naciste, pero probablemente has ingerido muchos ali­mentos mutados, tales como azúcar blanca, harina blanca, arroz blanco, carnes, aceites cocinados y alimentos no orgánicos desde muy temprano en la vida. ¿Cuál es el efecto que esta forma de alimentarse tiene sobre el cuerpo y el espíritu?

Los humanos y los animales que comen alimentos mutados experimentan las mismas mutaciones en su propia estructura celular y sus cromosomas, como ya se ha demostrado que ocurre en las plantas. Por lo tanto, la salud de tu cuerpo, así como la capacidad de tu espíritu de vivir en tu cuerpo de una manera plenamente operativa, dependerá en parte de la naturaleza de lo que comas.

En primer lugar, el sentido común te dirá que compres alimentos orgánicos siempre que te sea posible.
Tras cinco generaciones de producción de semillas a partir de alimentos orgánicos, cualquier mutación se co­rregirá si las plantas que surjan de esas semillas reciben el alimento adecuado durante su crecimiento.

En segundo lugar, utiliza granos enteros y alimentos enteros siempre que te sea posible. Las plantan han sido creadas para contener una pauta energética completa y la totalidad de enzimas necesarias para la digestión.
Las plan­tas tienen «marcas geométricas de creación» que son simi­lares o idénticas a las que se encuentran en el cuerpo hu­mano.
Así fueron diseñadas por los pleyadianos y los Reinos Dévicos para que todo lo necesario para estar sano y bien alimentado, así como para sanar los males, exista en la Tierra en el mundo natural.

Si el salvado y el germen se retiran de los granos antes de ser ingeridos, o si la caña y los granos de azúcar se reducen a su forma más simple, las marcas de las plantas se ven alteradas y entran en el cuerpo de forma incompleta y mutada.
El cuerpo entonces trata de completar la imagen intentando dar sentido a aquello que se ha ingerido. Las vitaminas B y C se extraen de los lugares donde habían quedado almacenadas tempo­ralmente en el cuerpo para generar así equilibrio y salud; se utilizan para que estos granos y azúcares mutados lle­guen a tu sistema.
Para favorecer la digestión el cuerpo produce un exceso de enzimas que no harían falta si los alimentos estuviesen completos. A la larga, esto desem­boca en deficiencia de vitaminas B y C, agotamiento pre­maturo del número total de enzimas en el cuerpo, proble­mas inmunológicos y propensión a alergias, así como da­ños en el sistema nervioso y en el cerebro.

El colon no es capaz de evacuar bien debido a la pasta formada por los granos blancos y los azúcares pegajosos, provocando el regreso de las toxinas al cuerpo a través de las paredes del colon debido a la constante putrefacción. Los cromosomas y las células se ven mutados, giran sin rumbo, empiezan a generar enfermedad y no pueden crear un hogar donde el espíritu sea capaz de vivir.

La ingestión de alimentos completos cultivados orgáni­camente puede erradicar este problema e incluso empezar a sanar y devolver el equilibrio interno natural. Por supuesto, si el daño ya es excesivo, pueden ser necesarios unos enemas o limpiezas de colon, o bien seguir durante un tiempo un programa de terapia de enzimas.
Puede ser necesaria la toma de un suplemento alimenticio hasta que el cuerpo se recupere de las mutaciones pasadas y vuelva a funcionar normalmente. Puedes aprender estos procedi­mientos en libros o de un buen especialista en dietética, homeopatía o naturopatía.

Puede que por necesidad (o diversión), por mucho cuidado que tengas en casa, suelas comer en restaurantes o en casa de otras personas. Además, recoger comida y salir corriendo con ella es una señal de estos tiempos.
El proceso dado a continuación para «sanar los alimentos» y devolverles la fuerza vital no puede liberar completamen­te la comida de productos químicos y mutaciones. Sin embargo, te ayudará a recuperarte de la mutación con resultados variables y hará que tu cuerpo sea más agrada­ble para que lo habite tu espíritu.

1. Alrededor del alimento que vayas a comer, colo­ca las manos alrededor del borde del plato o del propio alimento

2. Expresa si quieres la gratitud o las bendiciones de costumbre.

3. Visualiza el símbolo del infinito, que tiene el aspec­to de un número ocho horizontal, formado por luz dorada. Esta luz dorada fluye de modo continuo a través del símbolo. Coloca un extremo del símbolo del infinito cerca del alimento mientras pronuncias la siguiente invocación o una propia: «Envío gratitud a todas las fuentes de esta comida, incluyendo plantas, animales, seres sensibles, se­res humanos y la tierra. Pido que aquella fuerza vital que haya perdido desde que fue recogida, transportada y pre­parada, le sea devuelta ahora a través del símbolo del in­finito». Continúa visualizando la imagen de la luz dorada fluyendo a través del símbolo del infinito hasta que perci­bas que la fuerza vital ha sido devuelta tanto como sea posible. El proceso suele tardar de treinta segundos a un minuto.

4. Buen provecho.

(Nota: el ejercicio no está descrito exactamente igual a como aparece en el libro pues era demasiado complejo, y estoy segura que la intención es lo que sirve en estos momentos)

Fte: Manual de ejercicios pleyadianos, de Amorah Quan Yin

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